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JULIO - AGOSTO 2008 |
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MEDICINA PREVENTIVA La medicina tradicional nos indica, con excelente criterio, que una visita periódica la médico, o un chequeo anual ayuda invariablemente a conservar la salud. Esto es absolutamente cierto, aunque no es lo único. Los análisis, la tecnología altamente desarrollada permiten percibir las enfermedades en germen, descubrir lo que está en gestación o aquello órganos deteriorados que serán proclives aun mal funcionamiento. Pero no es lo único porque existen manifestaciones que no pueden detectarse a través de análisis de la alta tecnología sino exclusivamente a través de la percepción del paciente, que no es algo para desatender. Si una persona se siente mal, si manifiesta algo perturbador, esto debe ser tomado en cuenta más allá de los resultados inequívocos de la tecnología. En esos casos lo que debe evaluarse es que tal vez la medicina preventiva tradicional se insuficiente. Es válido entonces, plantearse si no disponemos dentro de la medicina, de otras terapéuticas que, partiendo de hipótesis diferentes, lleguen a resultados distintos. En este sentido considero no sólo que existen sino que son efectivas e indiscutibles. La curación no puede basarse en la disputa entre teorías, sino en la colaboración de todas. Su médico le ha solicitado análisis, ecografías, electrocardiograma y radiografías porque ha partido de un concepto alopático del ser humano. La medicina tradicional tiene, aún en estos días, la teoría de origen Newtoniano de que el cuerpo es la suma de los órganos que lo componen. Como si fuera un aparato de relojería, nuestro cuerpo funciona mal si un elemento se desarregla. Luego de Einstein es difícil sostener que esto sea únicamente de esta manera. Las medicinas de auge post-einsteniano sostienen la idea de que el ser humano es una totalidad y que los órganos manifiestan un desequilibrio del todo. Las medicinas energéticas consideran que la instalación de la enfermedad en su último estadío orgánico tiene antecedentes en desequilibrios energéticos previos. A diferencia de la alopatía que considera que una persona está enferma cuando se le instala, por ejemplo, la úlcera, o el asma, la medicina energética sostiene que existe un desequilibrio emocional energético anterior a la instalación de su último estadío en forma de úlcera, por ejemplo, trastornos de carácter, irritabilidad, insomnio o trastornos emocionales varios. Haciendo uso pues, de las medicinas energéticas se pueden realizar diagnósticos previos a la instalación de la enfermedad en el cuerpo y prevenirla. Podríamos decir, que son una forma diferente de medicina preventiva. Conociéndolas sabremos que disponemos de herramientas capaces de escuchar el susurro de nuestro ser, ese llamado de atención casi imperceptible frente al cual la medicina tradicional parece estar imposibilitada de actuar. |
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